Una generación contradictoria

 Mateo 11:16 Mas ¿a quién compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, 17 Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. 18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publícanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos.

Algunas personas se niegan a estar satisfechas, y Jesús describe a tales personas en estos versículos. Jesús asocia a “esta generación” con hijos que rehúsan jugar uno con el otro. “Os tocamos la flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.” La flauta y el baile son apropiados para una boda. Llantos y lamentaciones son apropiados para un funeral. Sea feliz el juego (como en las bodas), o triste (como en los funerales), los hijos se niegan a jugar.

Estas imágenes de bodas y funerales muestran las diferencias en estilo entre Jesús y Juan Bautista. “El estilo de Juan es muy santo; el de Jesús no es suficientemente sagrado” según ellos.

Jesús vino comiendo, bebiendo, y haciendo amigos entre pecadores, y dijeron, “¡Miren al comilón y al bebedor, amigo de publícanos y pecadores!” Juan vivía una vida separada en el desierto con una disciplina rígida. Como Juan muy pocos querrían vivir. Sus predicaciones de arrepentimiento atrajeron a algunos pero alejaron a otros. Fue arrestado y después degollado por declarar la verdad a Herodes, pero lo más probable es que otros se ofendieran también.

Mientras que Juan parece un fanático religioso, Jesús parece ser casi libertino. No es tan místico como otros en cuanto a su dieta. Sana a los enfermos en día de reposo. Sus discípulos no son tan escrupulosos en guardar la ley, y él les defiende (12:1-8; 15:1-20). Aún más escandaloso, se asocia con recaudadores de impuestos y pecadores“.

La generación que vivimos hoy es semejante a la que había en el tiempo de Jesús – no acaban de saber lo que quieren. Se contradicen en sus hechos y no dan fruto digno de arrepentimiento. Ha llegado el tiempo en que los verdaderos hijos de Dios han de mostrarse por sus frutos, la sabiduría reconoce sus hijos. Jesús dijo: “el que conmigo no recoge, desparrama”. Debemos no juzgar las cosas antes de tiempo, sino dejemos todo juicio a Dios. Ocúpate en tu salvación con temor y temblor, que cada quien tendrá que dar cuenta a Dios de sí mismo. ¿Eres hijo de la sabiduría?

Shalom, Maranata (El Señor está cerca)

 

 

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